miércoles, 9 de octubre de 2013

Sorpresa!


A mediados de Junio de este año empecé a pensar que volver a casa sería complicado por un tiempo, entonces sentado frente a mi mesa de escritorio que encontré en la basura y frente a un papel, decidí hacer números para ver cómo y cúanto tendría que trabajar para poder volver a casa de vacaciones y poder volver a abrazar a los mios.

Los números no salían, pero la ilusión era más fuerte que la economía y decidí crear un plan de viabilidad para poder ahorrar 1.350 euros para poder volver a casa. La idea era no parar en la piscina donde estoy, de buscar algo entre horas, de privarme de salir de fiesta, de hacer un plan de comidas diarias y de gastar mis energías y mi tiempo en hacer deporte para no tener que pensar en otra cosa.

En el fondo quería decirle a mi familia que volvía a casa, y estoy seguro que no hubieran dudado en ayudarme para volver, pero yo había decidido irme y tendría que ser yo el que por méritos propios habría de volver. Tras unos meses de agobio lo pude lograr, y reunir todo ese dinero para que el 12 de Semptiembre pudiera reunirme con toda mi gente. No dije nada a nadie, tan sólo a mi hermana y a un amigo, la idea era volver y darle la mejor de las sorpresas a los mios.

2 meses y medio pasaron entre frio y humedad, no había día que no pensara en por qué estaba haciendo todo lo que hac'ia, no había dia para ponerse malo en el trabajo, ya que aqui si no trabajas, no cobras, y como yo le decia a mi jefa, "no me puedo permitir el lujo de no venir, porque si no vengo, esta semana o no pago la casa, o no como". A menos de una semana para volver, ya no podía estar peor, con un catarro enorme seguía yendo a la piscina y a la oficina, pese a saber que en esta última las opciones de renovarme eran más que difíciles, pero ya nada importaba porque como todos los días me decía, "ya queda menos", y así fue.

El 11 de Septiembre salí de casa andé hasta la estación de tren, fui al aeropuerto, volé de Sydney a Singapore y de aquí a Helsinki. En Helsinki tuve 10 horas de escala donde aproveché para visitar la ciudad, pero caminando por una ciudad tan silenciosa, solo pude parar en uno de los escalones en la calle y pensar cual sería la reacción de mi familia al verme llegar. Volví al aeropuerto y a través de las redes sociales intentaba ver donde estarían mis amigos para poderles visitar y sobre todo hablaba con mi hermana para hacerla saber que ya me quedaba menos en llegar.

Llegué a Barajas el jueves 12 sobre las 20.00, medio mareado y con un dolor de cabeza enorme por ese catarro del cual no me pude recuperar, y allí estaba mi hermana, dentro de la sala de recogida de maletas para darme la bienvenida, ya quedaba menos para llegar casa. Salimos fuera de Barajas, donde tantas y tantas veces he estado, y alli estaba el primer coche que tuve, mi Peugeot 307 que desde hace tiempo utiliza mi madre. De pronto mil recuerdos se agolpaban en mi cabeza y del camino de Barajas a Guadalajara miraba al lados de la carretera buscando algo que no hubiera visto ya.

Y después de 36 horas de viaje y 17.654 km., alli estaba yo en la puerta de mi casa y mi madre sin saberlo. De pronto mi madre salió para regañar a mi hermana por no meter el coche en el garaje y al abrir la puerta me vio y sin poder evitarlo, cerro la puerta y se puso a llorar. Tras meses duros para ella, con un futuro incierto para todos y sin poder celebrar su cumpleaños tan solo 9 dias antes, yo note que era la alegría más grande que la podía dar a ella y a toda mi familia. Mi perro corría por el patio sin saber que hacer, se metía en medio de los abrazos entre mi madre, mi hermana y yo. Y ahi es donde me di cuenta de la realidad que pasan los que sufren cuando nosotros estamos fuera.

Hoy he vuelto a Sydney, otra vez, en el viaje no podía para de pensar en los nuevos planes que tengo, pero tampoco pude para de pensar en las lágrimas de mi madre y de mi hermana al volverme a despedir en Barajas otra vez y en los abrazos y los "buena surte" de mis amigos. Son realmente ellos y ellas los que sufren cuando nos vamos, y no se quejan porque en nuestro país no nos quieran, se sienten orgullosos y orgullosas de ver como no nos importa salir y trabajar e incluso de pasarlo mal para sentirnos vivos y, desgraciadamente, valorados, en un lugar que no es el nuestro.

Para todos aquellos que estais lejos de los vuestros, no dejeis de luchar!

domingo, 6 de octubre de 2013

Vacaciones en España?


Hace exactamente 10 meses cogí un vuelo hacia Sydney sin saber cúando podría volver a ver a los míos. Recuerdo como bajando las escaleras mecánicas de la Terminal 4 de Barajas, intentaba recordar todo lo posible a mi familia y a mis amigos, y me preguntaba a mí mismo si les volvería a ver, cúal sería el día, si podría juntarme con todos, preguntas que ni siquiera yo podía responder ya que antes de salir ya no sabía si podría volver cúando yo quisiera, pero tras mucho esfuerzo y mucho trabajo ese día llegó.

El pasado mes de Julio decidí donde quería pasar mis vacaciones y sin más me puse a trabajar con sólo un próposito, volver en Septiembre a casa para dar una sorpresa a los míos y cual ha sido la sorpresa que el sorprendido he sido yo!

Nunca pesé que volver a casa sería para estar de vacaciones y disfrutar de mi gente, de mi ciudad, pero así han sido estas 3 semanas tan intensas. Sin para de comer, sin para de beber, de dar abrazos y besos, he podido reunirme con mis amigos, he podido hablar con ellos, mirarles a los ojos y ver como pese a estar a miles de kilometros, la vida no cambia su curso y sigue dándonos alegrías y compartiendo buenos momentos.

Días de ferias donde la gente vuelve a Guadalajara y donde nos reunimos 31 "Fugitivos" con ganas de irnos a casa antes de comer, días de surf en un pequeño reducto de paz y buenas olas con la mejor de las compañías, días de visitas de casas nuevas y niños que crecen, días de viaje a pueblos donde paseos, aire fresco y recuerdos me hinundan, días de Miércoles largos en Madrid, días de olor a cloro y papeles en la oficina del Alcarreño, días de recuerdos universitarios en Alcalá, en general, días de cañas, de historias de futuro, de ilusión, de ganas de saber qué ha pasado y sobre todo de qué pasará... pero sobre todo, días de familia, de visita a Valdepeñas, el pueblo que ha visto sangrar mis rodillas en mi infancia, días de Calatayud donde el sabor del pan, el agua y el jamón siempre fueron distintos, días de cocido en casa de la abuela, días de cordero asado y tomate de la huerta, días de paseo con mi perro y de estar con los que más quiero.

Me vuelvo a Sydney con la tripa y el corazón más lleno que la maleta, convencido de saber a dónde pertenezco y que jamás lo olvidaré y por lo que veo, tampoco me olvidarán.  Gracias a tod@s por estos días!