Hace exactamente 10 meses cogí un vuelo hacia Sydney sin saber cúando podría volver a ver a los míos. Recuerdo como bajando las escaleras mecánicas de la Terminal 4 de Barajas, intentaba recordar todo lo posible a mi familia y a mis amigos, y me preguntaba a mí mismo si les volvería a ver, cúal sería el día, si podría juntarme con todos, preguntas que ni siquiera yo podía responder ya que antes de salir ya no sabía si podría volver cúando yo quisiera, pero tras mucho esfuerzo y mucho trabajo ese día llegó.
El pasado mes de Julio decidí donde quería pasar mis vacaciones y sin más me puse a trabajar con sólo un próposito, volver en Septiembre a casa para dar una sorpresa a los míos y cual ha sido la sorpresa que el sorprendido he sido yo!
Nunca pesé que volver a casa sería para estar de vacaciones y disfrutar de mi gente, de mi ciudad, pero así han sido estas 3 semanas tan intensas. Sin para de comer, sin para de beber, de dar abrazos y besos, he podido reunirme con mis amigos, he podido hablar con ellos, mirarles a los ojos y ver como pese a estar a miles de kilometros, la vida no cambia su curso y sigue dándonos alegrías y compartiendo buenos momentos.
Días de ferias donde la gente vuelve a Guadalajara y donde nos reunimos 31 "Fugitivos" con ganas de irnos a casa antes de comer, días de surf en un pequeño reducto de paz y buenas olas con la mejor de las compañías, días de visitas de casas nuevas y niños que crecen, días de viaje a pueblos donde paseos, aire fresco y recuerdos me hinundan, días de Miércoles largos en Madrid, días de olor a cloro y papeles en la oficina del Alcarreño, días de recuerdos universitarios en Alcalá, en general, días de cañas, de historias de futuro, de ilusión, de ganas de saber qué ha pasado y sobre todo de qué pasará... pero sobre todo, días de familia, de visita a Valdepeñas, el pueblo que ha visto sangrar mis rodillas en mi infancia, días de Calatayud donde el sabor del pan, el agua y el jamón siempre fueron distintos, días de cocido en casa de la abuela, días de cordero asado y tomate de la huerta, días de paseo con mi perro y de estar con los que más quiero.
Me vuelvo a Sydney con la tripa y el corazón más lleno que la maleta, convencido de saber a dónde pertenezco y que jamás lo olvidaré y por lo que veo, tampoco me olvidarán. Gracias a tod@s por estos días!
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